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De la montaña a la Luna: cómo el terreno de Colorado fue clave para Artemis II

De la nieve y la altura de Colorado al espacio profundo: la misión Artemis II no solo marcó el regreso de humanos más allá de la órbita terrestre, sino que confirmó cómo el entrenamiento en condiciones extremas de montaña fue clave para prepararse para volver a la Luna.

 

La nieve, la pendiente y ese terreno cambiante que cualquiera que ama la montaña conoce bien… esta vez no fueron parte de una temporada, sino de una misión histórica en el espacio. Porque antes de rodear la Luna, los astronautas de NASA se entrenaron en un escenario que, para nosotros, resulta bastante familiar: la montaña.

El 10 de abril de 2026, la misión Artemis II terminó con éxito tras amerizar en el Pacífico. A bordo de la nave Orion “Integrity”, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen completaron un viaje de 10 días y casi 1,1 millones de kilómetros. Fue la primera vez en más de 50 años que humanos salieron de la órbita baja terrestre, marcando un antes y un después en la exploración espacial. Pero lo más interesante no pasó solo allá arriba, sino mucho antes… y en las montañas de Colorado.

 

 

A más de 3.000 metros, en el High-Altitude Army National Guard Aviation Training Site (HAATS), la NASA encontró un lugar ideal para preparar a los astronautas. Aire fino, terreno irregular, sombras intensas y condiciones cambiantes: un combo que se parece mucho al polo sur de la Luna.

Ahí, entre laderas pronunciadas y relieves complejos, practicaron maniobras de aterrizaje con helicópteros, simulando lo que será bajar en un módulo lunar. Las montañas generan ilusiones ópticas muy parecidas a las del terreno lunar, donde la falta de referencias puede complicar todo. Para cualquiera que haya esquiado o andado fuera de pista, esto es bastante claro: leer el terreno y adaptarse rápido no es opcional.

 

 

Uno de los mayores desafíos, tanto en la montaña como en la Luna, es la visibilidad. En Colorado, el viento puede levantar nieve o polvo y dejarte sin referencias. En la Luna, el polvo lunar hace algo muy similar cuando interactúa con los propulsores. Durante los entrenamientos, los astronautas tuvieron que confiar en los instrumentos para maniobrar, algo muy parecido a lo que pasa en un whiteout total: no ves, pero tenés que seguir igual.

Si bien empresas como Lockheed Martin fueron clave en el desarrollo de la nave Orion y más de 200 compañías participaron del proyecto, el factor humano fue igual de importante. El entrenamiento en Colorado apuntó a algo más profundo: acostumbrarse a operar en condiciones exigentes, con poco margen de error. Esa mentalidad de montaña, de bancarse lo difícil y resolver sobre la marcha, fue central en la preparación.

 

 

Artemis II no solo marcó récords —como la mayor distancia recorrida por humanos desde la Tierra—, sino que validó sistemas clave para lo que viene. La nave Orion demostró que puede sostener vida en el espacio profundo por hasta 21 días. El próximo paso ya está en el horizonte: 2028, cuando la misión Artemis III buscará volver a poner humanos en la superficie lunar.

Y cuando eso pase, va a haber algo de montaña en ese logro. Porque el viaje a la Luna no empezó solo en una base de lanzamiento… también arrancó entre nieve, viento y altura en Colorado.

 

 

 

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