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Lindsey Vonn mostró cómo avanza su recuperación tras el accidente olímpico

La leyenda del esquí alpino volvió a aparecer públicamente después de su caída en Milán-Cortina y todavía usa muletas. Aunque la recuperación avanza, la estadounidense reconoció que el camino sigue siendo largo y no descartó una última carrera antes del retiro.

 

 

La recuperación de Lindsey Vonn sigue avanzando, aunque las últimas imágenes de la histórica esquiadora muestran que todavía queda un largo camino por recorrer. Después del durísimo accidente que sufrió en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, la estadounidense volvió a aparecer públicamente y dejó en claro que, si bien mantiene el optimismo, la rehabilitación todavía está en una etapa delicada.

Hace algunos días, Vonn había hablado sobre sus ganas de volver a disfrutar del verano. Entre sus planes aparecían vacaciones en la playa, buceo y hasta kite surf. “El pasaje ya está sacado”, contó, dejando entrever que empezaba a recuperar cierta normalidad después de meses muy difíciles.

Pero la realidad física todavía marca el ritmo de su día a día. La ex campeona olímpica estuvo en la alfombra roja de los Met Gala 2026, en lo que fue su primera aparición pública desde el accidente olímpico. 

 

 

La lesión que sufrió fue extremadamente compleja: fractura de tibia y síndrome compartimental, una combinación que normalmente demanda entre seis y nueve meses de recuperación. Aun así, Vonn aseguró recientemente que espera poder “volver a vivir mucho más normalmente” dentro de las próximas semanas. “Fue un proceso con muchos altibajos”, explicó la estadounidense. “En el último mes mejoré bastante, pero también hubo momentos realmente muy duros”.

El accidente en Milán-Cortina terminó apenas segundos después de largar la carrera y derivó en varias cirugías de urgencia en Italia antes de regresar a USA. Incluso, en uno de los momentos más críticos, existió riesgo de amputación, una posibilidad que finalmente pudo evitarse gracias a la rápida intervención médica.

Más allá del golpe físico, el impacto mental también fue enorme. Vonn pasó semanas inmovilizada en el hospital con fijadores externos, una situación que describió como desesperante. “Necesité toda mi fuerza mental para no volverme loca”, confesó.

 

 

De a poco, igual, empezaron a aparecer señales positivas. Apenas dos semanas después de volver a su casa, ya estaba entrenando en bicicleta fija. Después llegaron los trabajos de fuerza y movilidad, siempre de manera progresiva y controlada. En las últimas semanas también volvió a mostrarse afuera, recuperando independencia paso a paso.

La gran incógnita sigue siendo si habrá una vuelta oficial a las pistas. El accidente olímpico dejó una sensación de historia inconclusa para Vonn, que admitió no haber tenido la despedida que imaginaba. “Nunca tuve mi última bajada, nunca pude despedirme”, reconoció.

 

 

Esa sensación mantiene abierta una pequeña puerta. La estadounidense contó que no descarta hacer “una carrera más” para cerrar su historia de otra manera y mencionó, aunque con mucha cautela, la posibilidad de llegar a los Juegos Olímpicos de Invierno de 2030. “Solo lo haría si sintiera que todavía puedo ser competitiva”, aseguró. “Tendría 45 años… quizás sea demasiado, pero veremos”.

Por ahora, el objetivo es mucho más simple y al mismo tiempo muchísimo más importante: recuperarse completamente. El regreso a la nieve todavía está lejos, pero si algo dejó claro Lindsey Vonn durante toda su carrera es que nunca fue una atleta común.

 

 

 

 

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