Con acumulaciones de hasta 60 centímetros de nieve, ráfagas que superaron los 100 km/h y más de medio millón de usuarios sin luz, el fenómeno obligó a declarar el estado de emergencia en varios estados del noreste.
El invierno en Estados Unidos suma un nuevo capítulo complejo. La NOAA alertó por la llegada de un “ciclón bomba” al noreste del país, con acumulaciones de hasta 60 centímetros de nieve y ráfagas cercanas a los 110 km/h, un combo que ya generó estados de emergencia, cancelaciones masivas y millones de personas afectadas.
El fenómeno impactará en la semana del 23 de febrero al 1° de marzo y, según los pronósticos oficiales, traerá nevadas intensas y precipitaciones mixtas. Mientras tanto, el centro y sur del país presentan condiciones más estables.
Se trata de una tormenta que se intensifica rápidamente cuando la presión atmosférica cae de forma abrupta en menos de 24 horas. Es un proceso típico del otoño e invierno en esa región, cuando aire ártico muy frío se encuentra con aire más templado y húmedo.
En este caso, los meteorólogos señalaron que se dará la temperatura justa para generar nieve pesada y húmeda, lo que favorece a grandes acumulaciones.
Los números explican la magnitud del evento. En el Central Park se registraron 48 centímetros de nieve. En Warwick, Rhode Island, la acumulación superó los 90 centímetros. En Nantucket, las ráfagas alcanzaron los 133 km/h.
Más de 500.000 usuarios quedaron sin suministro eléctrico en distintos puntos de la costa este. La combinación de nieve húmeda y viento intenso provocó caída de árboles y daños en líneas eléctricas.

La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, declaró el estado de emergencia. En la ciudad, el alcalde Zohran Mamdani dispuso una jornada sin clases presenciales ni virtuales. También se aplicaron restricciones para circular y recomendaciones de permanecer en los hogares.
Miles de vuelos fueron cancelados en aeropuertos del noreste, especialmente en Nueva York, Nueva Jersey y Boston. El transporte público operó con demoras y suspensiones, y espacios como el Museum of Modern Art se mantuvieron cerrados.
El episodio se suma a una temporada que ya venía con registros llamativos en distintos puntos del país. Además, el Servicio Meteorológico anticipó que podría formarse otro sistema hacia el final de la semana.

Más allá de las postales blancas, el impacto concreto se tradujo en cortes de luz, traslados interrumpidos y ciudades funcionando al mínimo. El noreste estadounidense atraviesa así uno de los temporales más fuertes de los últimos años, en un invierno que todavía no da señales de terminar.