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Terminan los JJ.OO: qué queda cuando se apagan las luces y el mundo se va

A casi dos décadas de Torino 2006, varias sedes que fueron escenario de medallas y récords hoy muestran el paso del tiempo y reabren una pregunta incómoda pero necesaria: cómo se construye un legado que perdure mucho más allá de las dos semanas de competencia.

 

Cuando un país organiza unos Juegos Olímpicos de Invierno, la inversión es gigantesca y la expectativa todavía mayor. Durante quince días, el mundo entero mira hacia esas montañas. Pero cuando termina la ceremonia de clausura y las cámaras internacionales se van, empieza el verdadero desafío: qué hacer con todo lo que quedó.

Italia hoy vuelve a estar en el centro de la cuestión con los Juegos de Milano Cortina 2026, que ofrecieron sedes importantes y momentos deportivos inolvidables. Sin embargo, para entender lo que puede pasar después, alcanza con mirar lo que ocurrió tras los Juegos Olímpicos de Invierno de Torino 2006.

 

Pista de bobsleigh abandonada en Torino.

 

Uno de los ejemplos más fuertes es el de Cesana Pariol, la pista que albergó las pruebas de bobsleigh, luge y skeleton. Costó más de 60 millones de euros y fue, durante los Juegos, una postal de precisión y tecnología al servicio del deporte.

Pero el impulso duró poco. En cuestión de años dejó de recibir competencias internacionales. Después de un breve uso como centro de entrenamiento, quedó sin actividad y hoy su desmantelamiento está previsto. El mantenimiento de una pista de este nivel implica costos altísimos, difíciles de sostener sin un calendario competitivo permanente.

Algo parecido ocurre en Pragelato, donde se construyó el estadio de salto de esquí con una inversión superior a los 34 millones de euros. Pensado exclusivamente para 2006, el complejo nunca logró consolidar un uso continuo. Hoy su futuro es incierto y el paso del tiempo empieza a sentirse.

 

El estadio de sóftbol en el complejo olímpico Helliniko de Atenas, Grecia. La XXVIII Olimpiada se celebró del 13 al 29 de agosto de 2004. (Foto de Milos Bicanski/Getty Images).

 

Lo que pasó en Torino no es un caso aislado. La historia olímpica muestra caminos muy distintos. Barcelona 1992 logró transformar su infraestructura en espacios urbanos que todavía hoy forman parte de la vida cotidiana de la ciudad. En cambio, Atenas, después de los Juegos de 2004 y la crisis económica, terminó con varias sedes cerradas y sin uso.

También existen ejemplos positivos en el mundo blanco. Lake Placid, sede en 1980, sigue capitalizando su herencia olímpica a través del turismo y la actividad deportiva. Décadas después, su vínculo con el esquí y el bobsleigh continúa generando movimiento económico.

La diferencia suele estar en la planificación a largo plazo. No alcanza con levantar estadios espectaculares para dos semanas de competencia: hace falta un proyecto sólido que garantice actividad, mantenimiento y sentido en el tiempo.

 

Una pista de salto de esquí abandonada en el Monte Igman, una de las sedes olímpicas durante los XIV Juegos de Sarajevo 1984. (Foto de ELVIS BARUKCIC/AFP vía Getty Images).

 

Torino también dejó aspectos valiosos. Parte de la infraestructura urbana, como el metro construido para los Juegos y luego ampliado, sigue siendo utilizado por los vecinos. Además, la ciudad logró posicionarse de otra manera en el mapa internacional.

Pero el legado olímpico no se mide solo en orgullo o visibilidad. Cuando las estructuras deportivas quedan vacías, el debate reaparece con fuerza.

 

El Estadio Acuático en Río de Janeiro, Brasil. En los nueve meses posteriores a los Juegos, se organizaron muy pocos eventos en las instalaciones del Parque Olímpico. (Foto de Buda Mendes/Getty Images).

 

Hoy, mientras Italia celebra una nueva edición de los Juegos de Invierno, el recuerdo de 2006 funciona como espejo y advertencia. Porque organizar unos Juegos es una apuesta enorme, pero sostener su legado en el tiempo es el verdadero desafío.

Cuando se apagan las luces y el mundo se va, lo que queda ya no depende del espectáculo, sino de las decisiones que se tomen después.

 


 

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