Una nevada poco habitual transformó a París en un verdadero escenario invernal. La capital francesa amaneció completamente blanca y dejó imágenes que rápidamente se viralizaron: desde la Torre Eiffel cubierta de nieve hasta un esquiador haciendo ski touring en pleno centro de la ciudad.
El fenómeno llegó de la mano de una ola de frío que afectó a gran parte de Europa y trajo varias complicaciones. En los aeropuertos, el impacto fue fuerte: en Charles de Gaulle se cancelaron alrededor de 100 vuelos, mientras que en Orly hubo otras 40 cancelaciones. La situación también golpeó a Ámsterdam, donde el aeropuerto de Schiphol dejó en tierra cerca de 400 vuelos y obligó a más de mil pasajeros a pasar la noche varados.
Dentro de París, los camiones fueron retirados de las rutas, y todos los colectivos de la ciudad y las afueras dejaron de circular desde temprano. El subte y los trenes suburbanos siguieron funcionando en su mayoría, aunque con demoras.
Mientras tanto, para los fanáticos de la nieve, la tormenta tuvo su costado disfrutable. En las calles empinadas de Montmartre, varios se animaron a salir con esquís, snowboards y trineos, entre peatones y turistas sorprendidos. Las imágenes de esquiadores bajando por el barrio, con París como telón de fondo, se convirtieron en una de las postales más llamativas.

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Según Météo-France, el servicio meteorológico nacional, se trató de un episodio de “intensidad poco frecuente para la temporada”. Casi la mitad de Francia continental quedó bajo alerta por nieve y hielo, con acumulaciones de entre 3 y 7 centímetros. Las autoridades recomendaron evitar traslados innecesarios y, en la región parisina, incluso sugirieron trabajar desde casa siempre que fuera posible.
Aunque París ya había vivido nevadas importantes en 2018 y 2019, este temporal se ubica entre los más fuertes de los últimos años. Y como suele pasar cada vez que la ciudad se cubre de blanco, la tentación aparece rápido: esquiar donde normalmente nadie lo imagina. Porque cuando la nieve cae con ganas, incluso París puede convertirse, por unas horas, en una pista improvisada.

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