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Milano Cortina 2026: el oro que cambió la historia sudamericana

La consagración de Lucas Pinheiro Braathen en Milano Cortina 2026 no fue solo un oro olímpico: fue el nacimiento de una nueva historia para Sudamérica en los deportes de invierno. 

 

Hay medallas que pesan distinto. Lo que consiguió Lucas Pinheiro Braathen en Milano Cortina 2026 no fue solo una victoria deportiva: fue un quiebre histórico para Sudamérica en los deportes de invierno. El esquiador, nacido en Noruega de madre brasileña y padre noruego, ganó el oro en el slalom gigante y se convirtió en el primer sudamericano en lo más alto del podio olímpico invernal.

Brasil, un país ajeno a la tradición de la nieve, encontró en Braathen una figura capaz de romper una barrera cultural. Su triunfo llegó, además, en pleno sábado de Carnaval: una escena casi poética. Verde, amarillo y ahora dorado. Los colores brasileños entraron definitivamente en la historia del esquí.

 

 

Aunque su formación deportiva fue noruega, Braathen siempre habló de Brasil como una parte esencial de su identidad. Creció entre dos idiomas —portugués con su madre, noruego con su padre— y entre dos maneras de entender el mundo. Pasaba temporadas en São Paulo con su familia materna y absorbió desde chico la música, el fútbol y la calidez afectiva brasileña.

Esa mezcla cultural no fue un detalle menor: fue una marca de estilo. Él mismo reconoce que su costado brasileño le dio creatividad, riesgo y alegría para competir. La música de Jorge Ben Jor y João Gilberto, el fútbol con sus primos y el clima familiar moldearon una personalidad expansiva que trasladó a la montaña bajo su lema personal: “Vamos dançar”.

 

 

El otro gran pilar fue su padre, Bjorn, quien lo llevó a esquiar por primera vez a los nueve años. Un inicio tardío que lo obligó a entrenar más, pero que también le dio perspectiva. En la montaña encontró algo que hasta entonces le faltaba: pertenencia. En un ambiente internacional dejó de sentirse “el brasileño en Noruega” o “el noruego en Brasil”. En la nieve, todos eran distintos. Y ahí encajaba.

Su crecimiento fue notable: debut en Copa del Mundo en 2018/19, medallas juveniles, victorias tempranas y un Globo de Cristal que lo confirmó como estrella del slalom. Pero el camino no fue lineal. Una lesión grave de rodilla y conflictos con la federación noruega lo empujaron a un retiro inesperado en 2023. La respuesta apareció durante un año sabático en Brasil: volver a competir, pero representando la bandera de su madre.

 

 

Su regreso en 2024 bajo bandera brasileña fue una declaración de principios. Braathen no buscaba solo resultados: quería abrir una puerta. Volvió con medallas en Copa del Mundo, el premio al Regreso del Año de la FIS y un hito en Levi: la primera victoria de un brasileño en una prueba de Copa del Mundo de deportes de invierno.

Detrás suyo empezó a crecer una “caravana verde y amarilla” que lo acompaña por Europa con banderas, música y dulces típicos. Brasil empezaba a sentirse en la nieve.

En Milano Cortina 2026 llegó la consagración definitiva. Dominó el slalom gigante desde la primera manga y sostuvo la ventaja en la bajada decisiva. Cuando cruzó la meta, rompió un límite histórico. Hasta ese momento, el mejor resultado brasileño en Juegos de Invierno era el noveno puesto de Isabel Clark en Turín 2006. El salto fue enorme.

 

 

Braathen también fue abanderado en la ceremonia inaugural y se transformó en la cara visible de unos Juegos que, por primera vez, captaron la atención masiva del público brasileño. Su historia —contada en el documental Do Meu Jeito— expone no solo su talento, sino su búsqueda por competir a su manera y recuperar la felicidad como eje del rendimiento.

El impacto ya es concreto: más cupos para Brasil en esquí alpino, nuevos atletas que se animan a soñar y una generación que empieza a mirar la nieve como un territorio posible. El chico que se enamoró del fútbol brasileño terminó demostrando que el mapa deportivo no es fijo.

Desde una montaña italiana, un brasileño-noruego cambió la geografía del invierno. Y dejó un mensaje potente: el origen no define los límites. En la nieve, también se puede bailar.

 

 

 

 

 

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