Después de un accidente que la dejó sin su despedida en pista, Lindsey Vonn no descarta volver a competir. Entre la recuperación y una carrera que ya es histórica, la estadounidense deja abierta la puerta a una última bajada para cerrar su historia como siempre la imaginó.
Hay historias que parecen terminadas… hasta que alguien decide que no. Y si hablamos de segundas —o terceras— oportunidades en el esquí alpino, el nombre de Lindsey Vonn siempre vuelve a aparecer. A los 41 años, y después de un accidente durísimo en los Juegos Olímpicos de Invierno 2026, la estadounidense dejó una frase que reaviva todo: todavía no descarta volver a competir.
“No terminó como yo quería”, reconoció, y esa sensación de final inconcluso es, justamente, lo que mantiene abierta la puerta. Porque más allá de una carrera llena de logros, hay algo que siente que le faltó: el cierre.

En el mundo del esquí alpino hay una tradición muy fuerte, la “última bajada”. Un momento simbólico en el que los atletas se despiden del circuito rodeados de colegas, entrenadores y aplausos. Esta temporada, nombres como Alexis Pinturault, AJ Ginnis, Ilka Štuhec y Dave Ryding tuvieron ese momento. Vonn no. Su última imagen en pista fue un accidente violento, una evacuación en helicóptero y una larga lista de cirugías. “Nunca tuve mi última bajada. Nunca pude decir adiós”, explicó, dejando en claro que esa cuenta pendiente pesa.
El impacto no fue solo físico. También apareció el terror de que ese último recuerdo —apenas unos segundos— termine opacando una carrera gigantesca. Porque lo de Vonn no se mide en una caída: hablamos de 84 victorias en la Copa del Mundo y una trayectoria que marcó una era. De hecho, antes del accidente estaba teniendo una temporada muy sólida, con triunfos y podios que la habían dejado en lo más alto del descenso. “No quiero que 13 segundos definan mi carrera”, dijo.

Fuera de las pistas, su vida está repleta de proyectos y desafíos que la mantienen activa. Pero hay algo que no logra reemplazar. “El esquí es algo que amo hacer”, admitió. Y ahí aparece el dilema: una vida completa lejos de la competencia, pero con una historia que siente inconclusa.
Hoy, su foco está puesto en la recuperación. Y lo encara con la misma mentalidad que la llevó a lo más alto: dos horas diarias de kinesiología, sesiones en cámara hiperbárica y entre una hora y media de gimnasio. No fue un proceso sencillo. Pasó semanas internada y hasta tuvo que adaptarse a moverse en silla de ruedas. “Nunca había sentido tanto dolor”, contó. Aun así, su cabeza sigue funcionando en modo competencia. “Todavía me imagino cruzando la meta y ganando”, dijo.

Hay un lugar que aparece una y otra vez en su mente: Cortina d’Ampezzo. No es casual. Allí ganó 12 veces y lo considera su casa en la montaña. Es, también, el escenario perfecto para imaginar ese cierre que no tuvo.
La gran pregunta sigue abierta. ¿Puede volver? Probablemente sí. ¿Quiere hacerlo? Eso todavía no lo tiene del todo claro. “Quizás una carrera más… quizás vuelva. No lo sé. Podría ser divertido hacer una última bajada”, deslizó, incluso sabiendo que su familia preferiría verla lejos del riesgo.
Si algo demostró a lo largo de su carrera es que nunca hay que subestimarla. Cada vez que pareció haber llegado al límite, encontró la forma de ir un poco más allá. Hoy, su historia sigue abierta. Y en el esquí, como en la vida, a veces lo único que falta para cerrar un capítulo… es una última bajada.
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