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El regreso imposible de Federica Brignone terminó en oro olímpico

Federica Brignone ganó el super-G en su casa y escribió una de las historias más impactantes de los Juegos de Invierno, en un circuito marcado por la niebla, las caídas de favoritas y una definición cargada de emoción.

 

En una jornada atravesada por la niebla y la presión de correr en su casa, Federica Brignone firmó una de las historias más impactantes de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano Cortina 2026. La italiana se consagró campeona olímpica en el super-G femenino apenas meses después de volver de una lesión gravísima, en un regreso que ya quedó como uno de los grandes momentos de estos Juegos.

A los 35 años, Brignone llegaba con una temporada prácticamente perdida tras sufrir múltiples fracturas en la pierna y la rotura del ligamento cruzado anterior en abril de 2025. Su vuelta a la competencia se dio recién en enero y, hasta días antes de la prueba olímpica, ni siquiera estaba segura de poder largar. Seis días después de esas dudas, estaba en lo más alto del podio.

 

 

“Es algo increíble. Solo pensé en esquiar, en darlo todo. Me dije que era todo o nada, pero nunca habría imaginado ganar”, declaró tras la carrera. “Es algo especial, nunca lo habría imaginado en mi vida. No sentía que me faltara un oro olímpico en mi carrera. Sabía que ya había logrado el máximo, y por eso estaba tranquila. Me consideraba una outsider. Intenté hacerlo lo mejor posible. Todavía estoy emocionada. Siento la adrenalina corriendo por mis venas, y es una sensación increíblemente fuerte”.

Varias favoritas no lograron completar el recorrido en condiciones muy complicadas, entre ellas la italiana Sofia Goggia y la alemana Emma Aicher. Detrás de Brignone terminaron la francesa Romane Miradoli, medalla de plata, y la austríaca Cornelia Hütter, que se llevó el bronce en lo que podría ser su última experiencia olímpica.

 

 

Para Brignone fue su primer oro olímpico tras las dos platas de Beijing 2022 y el bronce de PyeongChang 2018. El contexto amplifica el logro: ganó en casa, diez meses después de una doble fractura de pierna, en una prueba donde el margen de error fue mínimo. Una remontada deportiva que ya es parte de la historia olímpica.

Romane Miradoli también consiguió un resultado histórico. Su plata cortó una sequía de 24 años sin podios alpinos para Francia. “Era mi sueño, pero soñarlo y hacerlo son cosas distintas. Realmente me enfoqué en lo que quería hacer hoy. Todo es tan especial. Estoy muy feliz”, explicó.

Los festejos estuvieron a la altura del momento: un sobrevuelo de siete aviones pintó el cielo con los colores italianos mientras sonaba el himno. No fue solo una victoria local, sino el cierre perfecto de un regreso impensado.

 

 

El super-G de Cortina terminó siendo la confirmación de que Federica Brignone llegó a los Juegos en el momento justo. Después de meses de recuperación, encontró su mejor versión el día más importante, en su pista y ante su gente. Un oro que ordena su carrera olímpica y que suma otro capítulo a las historias de estos Juegos, donde el esquí alpino sigue dando carreras imprevisibles y resultados que se definen por detalles mínimos. En una prueba cambiante y exigente, Brignone fue la más sólida. Y eso, en este nivel, ya lo dice todo.

 

 

 

 

 

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