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Día del Montañés: una celebración para quienes hicieron de la montaña una forma de vida

Cada 5 de agosto se celebra en Argentina el Día del Montañés, una fecha que reconoce a quienes encuentran en la cordillera mucho más que un paisaje: un lugar de trabajo, aventura, esfuerzo, encuentro y respeto por la naturaleza.

 

Hay lugares que se visitan y otros que se sienten. Para quienes tienen a la montaña como parte de su vida, la diferencia es enorme.

Cada 5 de agosto, mientras en buena parte del país el invierno se vive mirando de lejos las cumbres nevadas, en los pueblos cordilleranos y en los centros de esquí hay una fecha que tiene un significado especial: el Día del Montañés.

No es solamente una celebración para quienes practican montañismo. Es también un reconocimiento a todas esas personas que hacen de la montaña su ámbito cotidiano: guías, pisteros socorristas, instructores, patrullas, maquinistas, trabajadores de medios de elevación, rescatistas, personal de refugios y tantos otros que pasan buena parte de sus días entre nieve, viento, hielo y pendientes.

La fecha fue establecida en 1965, durante la Tercera Reunión Nacional de Andinismo realizada en San Juan, y quedó vinculada a la celebración de Nuestra Señora de las Nieves, considerada patrona de los montañeses.

 

 

Mucho más que llegar a una cumbre

La montaña tiene una particularidad: enseña rápido que no todo depende de uno.

El clima puede cambiar en cuestión de minutos, una nevada puede modificar por completo un camino y una ráfaga de viento puede obligar a cambiar los planes. Por eso, quienes conocen verdaderamente la montaña saben que disfrutarla también implica respetarla.

El montañismo habla de esfuerzo, preparación, paciencia y compañerismo. De avanzar cuando las condiciones lo permiten y saber cuándo es momento de volver. De entender que una cumbre no se conquista: se alcanza, si la montaña lo permite.

Y quizá ahí esté una de las grandes enseñanzas que deja la vida en la cordillera.

 

Los que trabajan cuando todavía no amaneció

Para quienes llegan a un centro de esquí y ven las pistas listas, los medios funcionando y la nieve preparada, la jornada empieza cuando las máquinas se ponen en marcha.

Mucho antes de que aparezca el primer esquiador, hay equipos revisando instalaciones, evaluando la nieve, preparando pistas y analizando las condiciones meteorológicas.

Los pisteros socorristas recorren la montaña, los maquinistas trabajan durante la noche, los equipos de medios de elevación realizan controles y los instructores se preparan para recibir a quienes llegan por primera vez a la nieve.

Es un trabajo que muchas veces queda detrás de escena, pero que permite que miles de personas puedan disfrutar de una jornada de montaña.

En los días de temporal, además, esa relación se vuelve todavía más evidente. Cuando una ruta queda bloqueada, un refugio necesita asistencia o una comunidad queda aislada por la nieve, quienes conocen la montaña son muchas veces los primeros en ponerse en movimiento.

Las tropas de montaña del Ejército Argentino también tienen una larga tradición vinculada con esta fecha y con las tareas de asistencia en zonas cordilleranas. Su lema lo resume de una manera sencilla: “La montaña nos une”.

 

 

Una montaña que también se esquía

Para los que somos fanáticos de la nieve, el vínculo con la montaña empieza muchas veces con unos esquís o una tabla de snowboard.

Una nevada, una bajada por nieve polvo, una aerosilla que nos lleva hacia arriba o ese primer giro sobre una pista recién pisada pueden ser suficientes para entender por qué la montaña genera una relación tan particular.

Pero detrás de cada día perfecto de esquí hay algo más profundo: una montaña que merece ser cuidada y una comunidad que trabaja para que pueda disfrutarse.

Desde Las Leñas hasta Cerro Castor, desde Chapelco hasta La Hoya, desde Caviahue hasta Cerro Catedral, la cordillera argentina tiene distintas formas, distintas nieves y distintas maneras de vivirla.

Y en todas hay personas que conocen sus ritmos, sus cambios y sus desafíos.

 

 

El respeto como punto de partida

Quizás el mejor modo de celebrar el Día del Montañés sea recordar algo que cualquier persona que haya pasado suficiente tiempo en la cordillera termina aprendiendo: la montaña siempre está primero.

No importa cuántas veces hayamos subido, cuántas temporadas llevemos esquiando o cuántas cumbres hayamos alcanzado. El respeto por el ambiente, la preparación y la seguridad siguen siendo fundamentales.

Porque la montaña no necesita que la conquistemos.

Solo necesita que sepamos disfrutarla, cuidarla y, sobre todo, volver para seguir encontrándonos con ella.

Hoy es el Día del Montañés.

Para los que suben con una mochila, para los que trabajan en un refugio, para los que patrullan una pista, para los que manejan una máquina pisa nieve, para los que enseñan a esquiar, para los que buscan una cumbre y para los que simplemente esperan una nevada para salir corriendo hacia la montaña.

Para todos ellos, feliz día.

Y que siga nevando.

 

 

 

 

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