La reelección de Johan Eliasch suma polémica tras su sorpresiva candidatura por Georgia y expone, una vez más, las tensiones internas que atraviesan a la Federación Internacional de Esquí y Snowboard de cara a una elección que puede marcar un antes y un después.
El clima en el mundo de la nieve se volvió a tensar, aunque esta vez lejos de las pistas. Johan Eliasch confirmó que buscará un nuevo mandato al frente de la Federación Internacional de Esquí y Snowboard, pero con una jugada que sorprendió a todos: será candidato representando a Georgia.
Ni Suecia —su país de origen— ni Gran Bretaña —donde también tiene ciudadanía— quisieron postularlo. En ese escenario, la federación georgiana apareció como alternativa para sostener su candidatura rumbo a las elecciones del 11 de junio en Belgrado.
La decisión no pasó desapercibida. Los estatutos de la FIS son claros: para ser candidato hay que tener pasaporte del país que te postula. Por eso, todo indica que Eliasch debería contar con la nacionalidad georgiana para cumplir con ese requisito, algo que suma polémica a un proceso que ya venía con ruido.
No es la primera vez que su figura genera divisiones. En 2021 llegó a la presidencia en una elección muy cuestionada: fue el único candidato y más de 50 federaciones se bajaron de la votación en señal de protesta. Potencias del esquí como Austria, Suiza y Alemania incluso llevaron el caso al Tribunal de Arbitraje Deportivo. Aunque después retiraron la demanda.
Desde entonces, Eliasch empujó una agenda fuerte de cambios: centralizó derechos comerciales, buscó ordenar el negocio global y le dio más peso a la conducción central. Sus defensores hablan de una modernización necesaria; sus críticos, de un manejo demasiado vertical que dejó incómodas a varias federaciones históricas.

En ese contexto, la elección que viene dará que hablar. Además de Eliasch, competirán Victoria Gosling, Anna Harboe Falkenberg, Alexander Ospelt y Dexter Paine. Cinco candidatos, distintas miradas y una pulseada que promete ser de las más parejas de los últimos años.
Más allá de quién quede al mando de la máxima federación del esquí, lo que queda en evidencia es el momento que atraviesa. Que el actual presidente tenga que apoyarse en una federación sin vínculo previo para ir por la reelección habla de un tablero político en plena reconfiguración.
El 11 de junio en Belgrado no será una fecha más. Será, probablemente, un punto de inflexión para el futuro del esquí y el snowboard a nivel internacional.